¿Son practicantes?

Esta pregunta suele ir acompañada al interrogatorio de rigor a cerca de los jóvenes y personas que se involucran en trabajos sociales, en el compromiso por la promoción de las personas, en temas relacionados con la justicia social y la paz.
 
Sin duda la pregunta se refiere a si tienen práctica religiosa o piadosa, y si me apuran un poco, va encaminada a saber si “estos” sobre los que se interroga, “van a misa”.
 
Suelo responder, “practican la caridad y la justicia”. Pero parece que eso no es suficiente, porque a continuación viene la pregunta, si, ¿pero, son practicantes?
 
A muchos  cristianos de misa, a los “de toda la vida”, les sabe a poco y apelan a una dimensión explícita de la vivencia de la fe. Lo mismo pasa a los pastores de las comunidades que, celosos por cumplir su misión, buscan nuevas formas de evangelización.
 
No pocas veces he dicho que las cifras alarmantes sobre la laicidad, el indiferentismo religioso, o la falta de vocaciones que a muchos les quita el sueño, no es mi preocupación. Mi única preocupación y ocupación es, no que se hable, sino que se viva y se practique el mensaje de Jesús. Son muchos, muchísimos los cristianos anónimos, los que sin llevar ninguna camiseta han optado por la transformación de la sociedad y dejan aflorar lo más humano, que es lo más divino que hay en el corazón de las personas: la generosidad, la entrega, el compromiso.
 
Jesús, en la Sinagoga de Nazaret, vino a instaurar un nuevo orden, vino a decir que el Espíritu le ungía y le enviaba a anunciar la Buena Noticia a los pobres, a anunciar la liberación, y ese, y sólo ese, es el proyecto de vida que quiso para él y para los suyos.
 
Pensando en al nueva Evangelización de la que tanto se habla, creo que sólo cabe escuchar, leer los signos de los tiempo, vivir el mensaje de Jesús y hacer lo que Él hizo: No hay más.
 
Simplificarnos la vida, centrarnos en lo esencial, optar por la persona, liberarnos de los yugos de las leyes y las normas, y recuperar la libertad de los hijos de Dios.
Es célebre la frase de Kenedy en aquel discurso en el que dijo:  No preguntes lo que tu país puede hacer por ti; pregunta lo que tú puedes hacer por tu país.”
 
Si cada día somos capaces de salir de nosotros mismos, de abrir los ojos para ver a nuestro entorno, y de preguntarnos, qué puedo hacer por mis hermanos, cómo les puedo amar, cómo les puedo servir, sin duda estaremos viviendo el Espíritu del Evangelio.
 
No quiero que nadie se quede con un sabor amargo cuando respondo, sin más explicaciones que “aquellos” que sirven a sus hermanos, son practicantes, porque practican la Caridad: ¿qué mejor religión, ocupación, vocación y misión?
 
De Jesús se dijo que pasó haciendo el bien: No suframos por si los que hacen el bien, “no van a misa” o “no practican a nuestra manera”, celebremos que vivan lo más esencial del Evangelio, y que con su vida instauren el Reino de Dios.
 

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