La Iglesia ante la crisis

Transcripción de la intervención del obispo de Sant Feliu de Llobregat Agustí Cortés en la mesa redonda sobre la crisis celebrada en El Prat de Llobregat el 29 de febrero de 2012, que se puede escuchar aquí y aquí .

Quisiera mencionar un importantísimo informe encargado por Cáritas que ha hecho Foessa, una institución muy prestigiosa desde el punto de vista del análisis social, y que ha sido publicada el día 22 de este mes de febrero. Es un informe de la situación de la pobreza actual en toda España. Se ha hablado de la intensificación de la pobreza y los problemas sociales. Lo más escandaloso es que el 22% de los hogares de España están bajo el umbral de la pobreza. Esto quiere decir que nos estamos acercando a una cuarta parte de la población española con problemas serios de subsistencia. La causa más grave de la pobreza es el paro. De estos desempleados, uno de cada dos es de larga duración, lo que quiere decir que hace más de un año que está en paro. El 9% de las familias sufre el paro total de todos sus miembros. Ningún miembro de la familia recibe ingreso alguno como compensación del trabajo. El 3,3% de las familias no recibe ningún ingreso.

Esto quiere decir que se ha disparado la tasa de desigualdad en todo el territorio español, escandalosamente, comparando el 20% de los más ricos y el 20% de los más pobres, estamos ante una tasa de desigualdad del 7%

En el año 2010, el 41% de las familias podríamos considerar que viven en condiciones de no disfrutar de las necesidades cubiertas básicas de subsistencia.

 

Esto llega al corazón sensible de la Iglesia. La Iglesia es sensible y está comprometida en la cuestión social. En definitiva, porque cree en un Dios de la historia, que se ha hecho historia nuestra y que ha compartido todo el sufrimiento humano, y más inmediatamente porque la Iglesia desde la eclosión social, a finales del siglo XIX, fue elaborando toda una doctrina social, política, económica, que es la aplicación del Evangelio a la realidad social y estructural del entorno.

 

De modo que no es solo un deber social individual, sino que también, sobre todo a partir de la Gaudium et Spes del Vaticano II, la Iglesia se plantea que es compromiso del cristiano cambiar la sociedad, mejorar el mundo, acercar el mundo al proyecto Reino de Dios que nos predicó y nos transmitió el mismo Jesucristo.

 

El estilo y las motivaciones de la Iglesia en el mundo social son peculiares: la prioridad de la persona, la prioridad de la calidad de la ayuda por encima de la eficacia o la eficiencia, la preocupación también por la comunidad familiar como núcleo fundamental, que de hecho está hoy comprobándose como uno de los recursos para salir de la crisis de muchísima gente, y, finalmente, la afirmación que se ha repetido después de la última carta del papa Benedicto XVI, Caritas in veritate, esta afirmación de que siempre será insuficiente cualquier solución técnica, o estructural o meramente política. Siempre habrá, el voluntario que, con gratuidad, con compromiso, con constancia, con disponibilidad, y con amor práctico y concreto, tiene que estar al lado del pobre y del indigente.

 

[...]

 

Hay que decir que tenemos que agradecer todos la presencia de mucha gente voluntaria que desde la comunidad cristiana está dando tiempo, dedicando conocimientos, sensibilidad, posibilidades de todo tipo en favor de las personas necesitadas. Estas instituciones son buena prueba de ello. En este sentido, la Iglesia se suma a todo el esfuerzo que hace la sociedad y a la gente que quiere ayudar, se suma a todo el movimiento de atención a las necesidades inmediatas, en el mundo de la asistencia. Subrayo el mundo de la asistencia porque es muy concreto. Pero la Iglesia, además de decir "Señores, tenemos que ser auténticos cristianos" debemos tener un sentido social y el grito del necesitado y del pobre golpea constantemente su corazón.

 

Además de decir esto, la Iglesia suele hacer un análisis más en profundidad. Que estas necesidades que cada día estamos constatando tienen su origen cultural, ideológico y sobre todo estructural. Entonces, cuando la Iglesia hace el esfuerzo de profundizar en esta experiencia de la pobreza o de la injusticia, va detectando lo que nosotros pensamos que son o bien estructuras de pecado, o bien injusticias institucionalizadas o bien sistemas económicos o financieros que no resisten la valoración moral objetiva.

 

En este sentido, quisiera hacer mención de un documento muy reciente, publicado hace poco de la Comisión de Conferencias Episcopales Europeas, que está presidida por el arzobispo de Munich, que siempre han tenido una sensibilidad social muy especial. Han hecho un documento titulado "El objetivo de la economía social de mercado competitiva y solidaria". Plantean el futuro de la CEE y de la Unión Europea, cuestionada por la crisis económica. Pero como su origen está el Tratado de Lisboa, en el de Utrecht y otros convenios hechos a lo largo de su historia, había un trasfondo filosófico y cultural de inspiración humanista, como dicen estos obispos, en gran parte cristiana. Quieren defender a  la CEE y quieren incidir, desde el punto de vista de la economía social y de la política, en dos conceptos fundamentales: la creatividad de la sociedad y del individuo es absolutamente necesaria y respetable, pero entre la economía de mercado pura y dura y la economía solidaria, hay que subrayar más el aspecto solidario, de forma que el trabajo no está en función de la productividad meramente capitalista, sino que está en función de la sociedad humana solidaria. La productividad, la propiedad, el esfuerzo creativo deben tener como objectivo crear esta comunidad que inspira la CEE, que reparte los beneficios, que trata de apaciguar las desigualdades, etc. En este sentido, este documento subraya la política social e incluso promueve el desarrollo sostenible desde el punto de vista ecológico.

 

Cuando un cristiano o la Iglesia conoce estos casos pide contemplar que el sujeto es lo más importante, la persona que tenéis delante, el trato personal, el acompañamiento. Pero no podemos dejamos de mirar cómo está nuestra economía y nuestra política estructurada, cuál es la ideología que está teniendo esta economía y esta política, y la responsabilidad de cada cristiano en su ámbito. Un padre de familia debe intervenir más en el colegio, o un empresario o un empleado de una gran empresa grande o mediana tiene a su alcance cambios importantísimos y por supuesto un político, o cualquier asociación ciudadana. Debemos planteanors la dimensión social de nuestra fe. Desde aquí, como le gustaba decir a joan Pablo II, hay un Evangelio social que nosotros debemos llevar adelante y debemos comprometernos a cumplir