Valencia

Cuando crees que ya se acaba,
vuelve a empezar,
y vuelve el tiempo de los monstruos
que no son muertos ... (Raimon)

 
Estos últimos meses, la Comunidad Valenciana ha vivido convulsamente. Las Cajas valencianas y el propio Banco de Valencia han sido absorbidos por entidades financieras estatales, la crisis en el sector de la construcción ha afectado la región de una manera especial, la sucesión de casos de corrupción ha emergido en la escena pública, el  escándalo del aeropuerto de Castellón o de la depuradora dejan pequeños los trajes de Camps, la Generalitat Valenciana parece encontrarse al límite. La crisis económica, el desempleo, la degradación ambiental, la misma degradación moral parece haberse instalado en la vida cotidiana del País Valenciano. En este contexto aparece una manifestación de chicos y chicas de bachillerato que cortan una céntrica calle de Valencia durante 10 minutos, algún brote de violencia y después -al parecer- una respuesta desproporcionada de la policía. Además, el jefe de la Policía de Valencia habla de estos chicos como de "los enemigos" a vencer. Este hecho, como la cerilla que enciende un bosque después de días de calor y fuerte viento, ha catalizado el malestar a flor de piel de una sociedad y, en especial, los sectores sociales más débiles.
 
Todo ello, acompañado de unos medios de comunicación ávidos de hablar de "primaveras" cuando aún estamos en invierno, ha provocado una revuelta estudiantil en toda España. Las condiciones para promover unona cierta explosión social están listas: la crisis económica y, en especial, el nivel de desempleo entre los jóvenes, la sensación generalizada de la incapacidad de los poderes democráticos para responder a la crisis, la impunidad de los poderosos, la mercantilización de nuestra vida , la falta de perspectivas y de futuro, nuestra incompetencia colectiva. Valencia ha estallado, pero quizás sólo nos encontramos al principio. No ha pasado todavía un año, nos encontrábamos con los indignados de la Plaza Cataluña. Los indignados no eran, sin embargo, rebeldes violentos, como se ha podido ver. Sin embargo, una revuelta social más generalizada, como en Grecia, no es impensable.
 
Ante esta situación, las fuerzas del orden público deben saber responder con inteligencia. Ayer, las canciones de Raimon me volvían a una memoria quizás demasiado atrofiada por las comodidades de los últimos años: Cuando crees que ya se acaba, vuelve a empezar. Como la vida misma.

Valencia quizás sea el ejemplo, incluso la caricatura grotesca, de lo que ha sido España en estos últimos quince años. Prestemos atención. No es sólo Valencia.