Primary tabs

Mientras las botas de los soldados rusos resuenan en la península de Crimea, una sesión de estudio con cinco maristas catalanes me ha llevado hasta Karcag, Hungría. Un país que sabe por experiencia propia cómo se las gastan los colonizadores. Tengo grabados en la memoria dos recuerdos de mi infancia relacionados con la tierra magiar. Los dos me impresionaron. Los dos me indignaron. Tenía ocho años cuando los tanques soviéticos irrumpieron en las calles de Budapest para acallar los gritos de libertad, iniciados por grupos de estudiantes.

Muchas personas critican el ayuno y la abstinencia como prácticas religiosas. ¿Tienen razón? ¿Por qué la Iglesia las engloba en un mandamiento y le otorga carácter obligatorio? ¿Cuántos cristianos lo tienen en cuenta? La abstinencia de carne, se dice con ironía, no tiene problema. Basta comer una buena mariscada en lugar de un filete. Ayuno, lo que se dice ayuno, sólo afecta a dos días del año: el Miércoles de Ceniza y el Viernes Santo. ¿No sería mejor suprimirlos? ¿No son residuos del pasado que hoy no tienen ningún significado?

Mariano Rajoy está haciendo un flaco servicio a la Constitución española. Afirmar que la consulta solicitada por el Parlamento de Cataluña no se va a celebrar porque es «inconstitucional» demuestra la falsedad de este argumento. Un referéndum consultivo o una consulta no vinculante jamás pueden ser inconstitucionales. Los resultados acaso entren en conflicto con ese texto legislativo. Si es así, llega el momento para determinar si se sigue el modelo vigente o se acepta la propuesta votada democráticamente. Las interpretaciones literales olvidan que «la letra mata» (2 Co 3,6).

He participado recientemente en tertulias radiofónicas sobre dos temas candentes y conflictivos. El primero, ETA en relación con la Comisión Internacional de Verificación del Alto al Fuego en el País Vasco. El segundo, la pederastia, a partir del informe de la Comisión de las Naciones Unidas sobre los Derechos de la Infancia. En uno hay terroristas. En otro, pederastas. En los dos hay víctimas.
 

El Mobile World Congress es el mejor escaparate para conocer los progresos de le telefonía móvil y adivinar líneas de futuro. Este artefacto representa la consolidación del individualismo, pese a que te permite conectarte con todo el mundo. Con un móvil puedes hacerlo todo. Sin él, no puedes hacer nada. Pero hay dos puntos que aún no se han resuelto de manera satisfactoria: la cobertura y la batería. Sin cobertura no hay conexión. Sin batería, tampoco.

Desde la renuncia de Benedicto XVI y la elección del papa Francisco, se ha producido un cambio espectacular de percepción general sobre la Iglesia, dentro y fuera de la misma. No obstante, ni la Iglesia estaba tan mal con Benedicto XVI ni ahora está tan bien con el papa Francisco. Las transformaciones profundas necesitan tiempo y asimilación. Estamos vislumbrando un nuevo horizonte, pero no hemos llegado todavía. El papa Francisco es clave en esta tarea, pero hay más factores que entran en juego.
 

Suele pensarse en una persona santa como alguien excepcional, rebosante de espíritu, que mantiene una relación privilegiada con Dios. Incluso capaz de realizar milagros. Existen también algunas distorsiones: no toca los pies en tierra, no sabe lo que pasa en el mundo, vive atada a la moral y a los aspectos formales de la espiritualidad. Estos planteamientos dificultan afrontar el interrogante: ¿puedo ser yo santo? ¿Existe algun interés en que lo sea? ¿Vale la pena emprender este camino? ¿No basta con ser normal?
 

Un estudio de Cindy M. Meston and David M. Buss, realizado en 2007, en la Universidad de Texas (EUA) recogió una lista de 237 razones para tener sexo (ved: Archives of Sexual Behavior). «Estilos de Vida» de La Vanguardia, a principios de enero, publicó las 150 primeras razones con unos comentarios.

No hay escapatoria posible. Las instituciones sociales de Iglesia, así como sus afines de otras procedencias, están atrapadas en un dilema. Su presencia en la realidad humana les permite captar con toda crudeza el sufrimiento, la pobreza, la marginación… de tantas personas hundidas en la miseria y, acaso, en la desesperación. Las estadísticas triunfalistas y el entusiasmo por los datos macroeconómicos se estrellan ante el rostro de una persona excluida. Estas instituciones y quienes trabajan en ellas viven un profundo dilema social.

Alvin Toffler, autor del libro La tercera ola, marca tres momentos históricos de manera esquemática, que se corresponden a las tres olas: la agricultura y la ganadería, la revolución industrial y la tecnología del conocimiento y de la información. Los cambios de una a otra han producido profundos impactos en las sociedades. Actualmente, nos estamos adentrando de forma decidida en la tercera ola. En ella, adquiere su sentido el libro Las guerras del futuro de Alvin y Heidi Toffler. La guerra de Irak fue el ejemplo más claro. Los bombardeos eran televisados en directo.

Páginas

Subscribe to